Miércoles, Enero 24, 2018
   
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DIGO YO, me parece...

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Recientemente fue celebrada en Brooklyn una actividad artística con la presencia del conocido cantante puertorriqueño José Miguel Class a quien cariñosamente conocemos como “El Gallito de Manatí”.

Los organizadores buscaban por este medio complacer a una gran cantidad de sus admiradores que continuamente aclamaban por la presencia de este ídolo puertorriqueño quien no visitaba la comunidad de Brooklyn hace algún tiempo.

Además, otro de los propósitos es el mantener viva la llama de nuestra música popular aquí en la Gran Manzana. José Miguel Class vino directamente de Puerto Rico para esta presentación especial. Representa, pues, para los organizadores, una inversión sustancial de gastos que incluye honorarios para el artista, pago de pasajes, hospedaje, transportación y dietas, por mencionar algunos, que solo son recuperados a través de los boletos que adquieren los que van a verlo.

Además, como complemento se incluyó la asistencia de una Orquesta traída desde Connecticut y un DJ - todos cobrando. Y no voy a mencionar los demás gastos de producción del evento. Que son bastantes.

Tuve la oportunidad de presenciar la actividad. Quede sorprendido de la demostración artística de este veterano artista boricua. Había escuchado barbaridades de cómo su talento se había deteriorado debido a sus años (tiene 73). Puedo asegurarle que no es verdad. Hay José Miguel Class para mucho rato.

La gente le recibió con un aplauso ensordecedor. Un entusiasmo fantástico. Se apoderó del corazón de los que allí estaban. Corrobore que era falso los comentarios que escuche. Me decían que usaba veinte trucos para no cantar. No es verdad. En ningún momento uso pistas. Nunca dejó que el publico dirigiera sus canciones.

Vimos a un “gallo” haciéndole honor a su nombre. Proyectó una voz preciosa propia de su fama. Su humor fue extraordinario al extremo de confundirse continuamente haciendo chistes que cayeron muy bien al público. Complació y firmó autógrafos a los que le solicitaron. Les puedo asegurar que los que esperaban ver a un gallo con moquillo se equivocaron. Llego a la conclusión que hay “gallo” para largo rato. Son envidiosos los que procuran degradar su talento.

Sin embargo encontré el apoyo de la comunidad muy débil. A la verdad que el lugar lucia medio vacío. Los organizadores lucían preocupados, pues si no hay respaldo económico estos eventos no pueden llevarse a cabo. Los hispanos - especialmente los puertorriqueños -, en este caso particular, tienen que decir presente para que nuestros líderes se interesen en continuar trayendo espectáculos de este tipo.

Sé de muchos artistas boricuas de los años 70 y 80 que quisieran regresar a ofrecer su talento aquí en la Gran Manzana pero siendo los gastos de producción de estos “shows” tan considerables yo dudo que sin apoyo del público se continúen llevando a cabo. Además, el público debe darse cuenta que los boletos para este tipo de actividades no puede ser lo que ellos pretenden pagar. Asumo diez o quince dólares. ¡Coño con $15.00 ya no puedes comprar ni el pop corn que te comías en la función años atrás! La próxima vez que te enteres de la presencia en tu vecindario de artistas del nivel de José Miguel Class “el Gallito de Manatí” no vaciles en pagar un poquito más pues, los tiempos han cambiado. DIGO YO…ME PARECE.

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